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Sunday, March 29, 2015

In the language game of Anti-imperialism all conspiracies are one conspiracy

How many conspiracies has the Venezuelan government claimed to have revealed in the past 15 years? If every single claim made by each public official and public media outlet is counted, then dozens of conspiracies have been discovered every year.

However, one legitimate move in the language game of the conspiracy rhetoric played by the government is to claim that all conspiracies are part of a single Grand Imperial Conspiracy plot, which reveals itself in successive and often overlapping sub-plots.

Coup d’état attempts, magnicidios (attempts to kill the president or other government officials), economic, psychological, media, and cultural wars, are all part of a gigantic international plot with extended connections over long distances, and control over vast resources.

This unified conspiracy can be summarized as a grand plot by “The Empire”, usually meaning the United States government, controlled by the “industrial-military complex”. The rules of the language game allow for a wide variety of sub-conspiracies and conspirators to be moved and linked in complex plots, which may represent successive phases of the development of the main plot.

Local opposition leaders and critical persons and groups lose their independence and are turned into mere lackeys of foreigner and powerful puppet masters. In this language game only two legitimate moves are allowed for persons: either they unconditionally and loyally support the Leader in his struggle against the all-powerful imperial conspirator, or they become traitors in cahoots with a foreign power. No middle ground remains for a possible move and politics ceases to be the field of negotiation and agreement to become the polarized stage of a constant conflict for survival.

Far from an emancipatory language game, anti-imperialism becomes the tool for de-politicization and repression. Persons no longer have control over the discussion of their day-to-day problems and their possible solutions, and instead are asked to “temporarily” suspend their criticism of the authorities and the Revolution. The people or the government is not responsible for those problems and solutions; the Empire is the real and external source of all evils.

In the conflict played out by this rhetoric, extreme internal measures become necessary to protect the people from the external threat. Fifth columns have to be neutralized, internal discussion silenced, and politics suspended. All is to be left in the hands of the protecting Leader.

The language game of anti-imperialist hysteria is not played with the grammar of politics: it’s played under the rules of war. This is not the time for the squeamish, says the rule stablished by the Revolution, but the time for definitions.

(Read a good example of the “unified” conspiracy theory of imperialism in El conflict Estados Unidos-Venezuela y la VII Combre de las Americas by Carlos Fazio, published by the Agencia Venezolana de Noticias.)

Friday, February 13, 2015

Como tomar en serio las teorías de la conspiración

Aquí un reposteo de mi contribución al excelente blog Mundanos, de mi amigo Juan Cristobal Castro. Espero sea la primera de varias colaboraciones sobre el tema.
Como tomar en serio las teorías de la conspiración

Hugo Pérez Hernáiz

Todos somos teóricos de la conspiración

Alegatos de una guerra económica, psicológica, mediática, de cuarta generación, de baja intensidad, conducente a un golpe económico, magnicidio, sabotaje, son todos “teorías de la conspiración”, no porque sean verdaderos o falsos sino porque se basan en la suposición de que detrás de todo evento hay agentes que conspiran para llevar a cabo sus propósitos.
Nada más natural, conspirar es probablemente la segunda profesión más antigua. Desde el ámbito político al financiero, actores se ponen de acuerdo en secreto para obtener beneficios. Una buena dosis de escepticismo frente a las intenciones de ciertos actores y lo abierto de sus acciones es algo muy sano, sobre todo cuando esos actores son poderosos. Ese sano escepticismo nos hace a todos en pequeña medida teóricos de la conspiración. Dudamos, y hacemos bien en hacerlo, de la sinceridad de los poderosos porque sabemos que tienen intereses y que esos intereses no siempre coinciden con los nuestros.

Todos conspiran contra nosotros
Puede que no exista solución de continuidad entre la teoría de que algún político en secreto se reúne con otro para negociar algo y la teoría de que los Iluminati controlan el mundo, pero es evidente que hay una diferencia importante entre el escepticismo de la primera teoría y lo delirante de la segunda. La clave está en el alcance del poder explicativo de la teoría.
Mientras que en el primer caso limitamos nuestra teoría a los manejos secretos de actores concretos, en la segunda explicamos todo como el efecto de la conspiración. La literatura psicológica de principios del siglo XX llamó a esta condición “paranoia”. No se trata en tales casos de un escepticismo normal. El que cree en serio en tal teoría para explicar el mundo pierde el control de su vida, se siente perseguido y acosado. Nada pasa por casualidad: se cae un vaso de la mesa y en realidad ha sido tumbado por los conspiradores, piensa en algo y tal pensamiento ha sido inducido por sus enemigos, enferma y tal malestar ha sido “inoculado” por agentes del mal.

¿Es realmente necesario presentar evidencias?
El escéptico que sospecha de que algún político se reúne en secreto con un banquero para hacer malos tratos suspenderá su absoluta certeza de que tal reunión ha ocurrido hasta que tenga pruebas concretas. No así el teórico de la conspiración: otras formas retóricas de ofrecer evidencias operan en estos casos.
Cuando el ex-ministro Rodríguez Torres daba aquellas curiosas ruedas de prensa prometiendo pruebas de planes de magnicidio y golpes, mostraba como evidencia de sus teorías láminas de presentación en las que se señalaban “relaciones” marcadas con acusadoras flechas entre altos personeros imperiales, presidentes de otros países, exiliados políticos venezolanos, narcotraficantes, políticos locales y representantes de organizaciones de derechos humanos nacionales y extranjeras. Las flechas y punteros eran, en sí, la evidencia. Las ruedas de prensa siempre terminaban con la promesa de que en el futuro próximo se presentarían muchas más evidencias. Eso no ocurría nunca, pero en algún momento el ministro declaraba que ya habían sido presentadas suficientes evidencias el pasado.
El caso de Rodríguez Torres era extremo y casi cómico, pero por lo general el teórico de la conspiración no siente la necesidad de presentar evidencias en sí. La fuerza de la historia es suficiente para aceptar la teoría.
Por ejemplo, parte del discurso conspirativo latinoamericano está montado sobre la base de un fuerte sentimiento anti-imperialista. El anti-imperialismo es una forma retórica muy poderosa porque pretende partir de unos supuestos históricos que casi todo el mundo acepta: “El Imperio siempre ha metido su mano en América Latina y siempre lo hará”. Y en efecto todo latinoamericano aprende desde niño de casos históricos muy concretos y reales en los que las malas intenciones y acciones del Imperio han sido evidentes.
Pero una cosa es aceptar esa versión de la historia latinoamericana y otra muy distinta es leer esa historia en clave de “todo lo que ha sucedido en nuestros países es la consecuencia directa de la acción secreta de agentes imperiales”. El teórico de la conspiración obsesivamente busca en la historia “verdades” que luego absolutiza para todo tiempo y lugar. Así por ejemplo, como en el caso de Eleazar Díaz Rangel, descubre en documentos desclasificados del Departamento de Estado que a Allende en Chile se le hizo una “guerra económica” (no discuto si tal aseveración es en realidad posible descubrirla a partir de esos documentos), luego es de tontos no aceptar que al actual gobierno venezolano también se le está aplicando la misma receta conspirativa.
Es una forma de construcción retórica de la forma “ha sido así antes, es por lo tanto así ahora” que por supuesto no representa evidencia real de conspiración. Tan sólo requiere que el que escucha acepte la “historia” y de allí extrapole, que aplique la “lógica”, que no sea ingenuo, que se dé cuenta de que el mal siempre es el mal y siempre actuará de la misma manera.
Otra forma retórica muy común es el otorgarle a los eventos intencionalidad. A eventos provocados por accidentes se les atribuyen causas subjetivas, como el sabotaje. Las subidas de precios, la escasez, el acaparamiento, las colas, etc., pueden muy bien ser explicadas como las consecuencias objetivas y naturales de ciertas políticas económicas. Pero el teórico de la conspiración preferirá explicar esos males de la economía apelando a la intención del conspirador: alguien concreto está acaparando y subiendo los precios. A esta certeza de intencionalidad se añadirá la visión total del mundo: ese alguien que acapara está coordinando sus acciones de acaparamiento con otros actores: políticos, agentes del imperio, ONGs de derechos humanos, todos son parte de la conspiración que finalmente se expresa en ese acto pequeño que es el dueño de un abasto guardando la leche o el azúcar en su depósito.
Detrás de todo ello está también la explicación de los males preguntando a quién beneficia esos males. Para el teórico de la conspiración, que en esto actúa como muchos detectives de novelas policiales, bastará con descubrir quién se ha visto beneficiado por el crimen para saber quién ha cometido el crimen, qué intención está detrás del saboteo, del acaparamiento o de las colas. Por ejemplo, si aceptamos el supuesto de que a la oposición, o al imperio, o al narcotráfico colombiano, le beneficia el desorden económico en Venezuela porque tal desorden llevaría inevitablemente a un cambio de gobierno, entonces para el teórico de la conspiración es evidente que los enemigos del gobierno están detrás de las colas. Esta ha sido la forma retórica usada por los medios oficiales en su reciente campaña sobre la “guerra psicológica” y la neurosis detrás de las colas. Presentar evidencias de esa guerra se hace incensario si se ha “demostrado” que las colas son causadas por, o causan ellas mismas, “neurosis masiva”, y que esa condición psicológica generará el desorden que supuestamente beneficie a la oposición.

¿Pero acaso es posible presentar evidencias?
En último extremo el teórico de la conspiración responderá que no. La conspiración es por definición un acto secreto. El conspirador profesional esconderá hábilmente las pruebas de su conspiración. ¿Acaso esperan que veamos muerto al presidente para poder presentar pruebas de que hay un plan magnicida? preguntaba una vez alguien del gobierno exasperado por la solicitud de evidencias del complot que denunciaba.
Por eso para el teórico de la conspiración es necesario “leer entre líneas”, hacer análisis lingüísticos, semiológicos, interpretar en su contexto histórico y adjudicando la verdadera intencionalidad a grabaciones, correos electrónicos y declaraciones públicas de los conspiradores.
El escritor alemán Lion Feuchtwanger, preocupado por el efecto negativo que en la opinión pública occidental pudieran tener los primeros juicios espectáculos de Moscú en 1936, se atrevió a presionar un poco a Stalin en una entrevista personal:
“Yo hablé una vez más del efecto negativo que había tenido en el extranjero aquel proceso demasiado simplista contra Zinóviev, incluso entre personas bien intencionadas. Stalin se mofó un poco de aquellos que exigían demasiados documentos escritos, antes de dignarse a creer en una conspiración; los conspiradores entrenados no tienen por costumbre dejar sus documentos por ahí, a la vista de todos”. (citado por Karl Schlögel en Terror y utopía. Moscú en 1937)

¿Qué hacer?
No resulta fácil rebatir una teoría de la conspiración, sobre todo si esta se ha convertido en el discurso oficial de un gobierno y de todo su aparato mediático estatal. Sabemos que estamos ante una forma de interpretar la realidad que no es correcta, que hace aguas, que está llena de vacíos en su argumentación. Sabemos que hay gente que la cree. Sabemos también que no basta burlarnos de ellas o simplemente desestimarlas porque por más ridículas que sean están allí y tienen consecuencias directas en la manera en que la gente entiende su realidad. Pero cuando intentamos discutir con alguien que realmente cree en ellas nos vemos “enganchados” y un discurso circular y sin salida que no siente la necesidad de basarse en evidencias sino en una comprensión “total” de la realidad.

La forma de enfrentarlas es hacer un esfuerzo penoso y paciente por meterse en las teorías de la conspiración por más delirantes que nos parezcan y entender sus causas y sus formas de argumentación, sus mecanismos, para poder desmontarlo desde dentro. Es un esfuerzo necesario porque el que cree en este tipo de teorías está más que dispuesto a dejar su libertad en manos de un líder fuerte que sea capaz de dar la batalla final contra las poderosísimas fuerzas del mal que conspiran. Las pocas veces en el siglo XX en las que las teorías de la conspiración se convirtieron en el discurso oficial de algún gobierno, las consecuencias fueron desastrosas.  

Sunday, February 8, 2015

Colas comparadas y la preparatoria destrucción de lo cotidiano

Las comparaciones entre lo que sucede actualmente en Venezuela y los totalitarismos del siglo XX son no sólo odiosas sino también exageradas e inexactas. Pero hay comparaciones específicas sobre asuntos puntuales que resultan sugerentes. La más evidente es que las teorías de la conspiración se convierten en la retórica oficial del gobierno y no en el discurso de grupos contestatarios y políticamente marginales. El uso político de las teorías de las conspiraciones como retórica oficial de gobiernos tuvo consecuencias trágicas en el siglo XX.

Aquí otra comparación interesante para la que transcribo completo el capítulo “La inteligencia de la cola de espera” del extraordinario libro del historiador alemán Karl Schlögel Terror y utopía. Moscú en 1937, editado el año pasado en Barcelona por Acantilado, traducido por Aníbal Campos.

El capítulo constituye una verdadera fenomenología de la cola en el contexto de escasez de productos básicos en una sociedad cuyo gobierno ha convertido las teorías de la conspiración en la retórica oficial del estado y ha llevado el uso político de esas teorías a su consecuencia lógica: el exterminio masivo del enemigo interno.

Nótese el sincero informe de la NKVD que cita Schlögel y que da cuenta de la formación de una micro cultura de la cola en la que la gente se organiza, toma números, vuelve más tarde, juega y baila, pero también ocurren actos vandálicos y crímenes, y cuando se abren las puertas de las tiendas “la gente se golpea y se amontona.”

También es interesante señalar que la picardía y la viveza no parecen ser, como sostiene el ministro de la cultura Venezolano Reinaldo Iturriza, un invento de la “oligarquía criolla”, sino parte de la necesaria técnica de sobrevivencia en contextos de escasez: Schlögel comenta que en el Moscú de 1937 “se desarrollan todo tipo de trucos que serán de suma importancia en la historia cultural de la cola: apuntarse en una lista, “alquilar” a alguien que ocupe su lugar en la cola o contratar y pagar a alguien para ello por adelantado, por correo: ‘Hacer cola se convirtió en un arte’”.

Y por último hay que notar el pesimista último párrafo del capítulo. Schlögel sugiere que el agotamiento físico y mental de una población entera, en colas que podía durar literalmente días y que arruinaban la vida cotidiana, fue un elemento fundamental, o al menos preparatorio, de la violencia del terror de los años 1937 y 1938.

Aquí el capítulo:

La Inteligencia de la cola de espera

La cola de espera y el mercado negro eran las formas principales no de una oposición, pero sí, tal vez, de un movimiento oculto que nunca se quebrantaba. Algunos informes del NKVD –los aquí citados provienen de la primavera de 1939 –ponen claramente de manifiesto la exactitud con la que el poder observaba y analizaba los movimientos para salir en busca de bienes de consumo imprescindibles para su supervivencia, sobre todo hacia las ciudades, mejor abastecidas que el campo, y aquí, a su vez, hacia las ciudades privilegiadas de la URSS, como Moscú o Leningrado. La emigración de vendedores y compradores cristaliza en un determinado punto: en las colas delante de los puntos de distribución y en las tiendas. Un informe del NKVD menciona exactamente, en la noche del 13 al 14 de abril de 1939, a cuarenta y tres mil ochocientas personas que habían hecho cola delante de los comercios y que todavía estaban allí cuando, al cabo de tres o cuatro horas, ya no quedaba un solo producto en esos comercios. Los compradores y vendedores llegaban a Moscú desde todas partes; uno de ellos decía: “¡Cuantos días de trabajo se desperdician en una cosa! ¡En esos días de trabajo se hubieran podido construir dos fábricas de tejidos en Moscú!”

El informe del NKVD ofrece una especie de descripción condensada de lo que sucedía en la cola de espera:

La cola se forma varias horas antes de que la tienda cierre, en los patios de los edificios vecinos. Alguien lleva una lista de los que esperan, y una vez que uno se ha inscrito en la lista, alguno se marcha para descansar un poco en la calle o en el patio. Algunos ciudadanos traen grandes abrigos de invierno y mantas para mantenerse calientes. Otros también traen sillas plegables de concina para calentarse.
            Cuando sale el sol, la gente se pone a la cola, se sienta en las aceras, envuelta en mantas, o en los umbrales de las puertas próximas a la tienda (en la calle Gorki). Los empleados empiezan a dejar entrar a los clientes antes del horario de apertura, y de repente las colas se disuelven. Todos empiezan a correr hacia las puertas de la tienda, y la gente se golpea y se amontona.
            Los jóvenes han organizado en las colas toda suerte de juegos y de bailes en la calle, los cuales, de vez en cuando, degeneran en actos vandalismo.
            Hacia las ocho de la mañana ya se han reunido delante de la tienda de la industria textil más de tres mil clientes (en la Kuznetski most). Cuando la tienda abre a las ocho y media, ya hay allí entre cuatro mil y cuatro mil quinientas personas. La cola, que se había formado a las ocho de la mañana, se extendía desde la Kuznetski most, pasando por la Neglínny pereúlok, hasta el final de la calle Púshechanaia (por lo menos un kilómetro).
            A las ocho de la mañana se formó una cola de mil personas en el univermag del distrito Leningrado de Moscú, pero la milicia bloqueó a la muchedumbre con diez camiones. Una nutrida masa de gente corrió hacia la plaza situada junto al cine-teatro Espartaco, a fin de llegar a la tienda entre el cine y los coches de la policía. Allí se produjo un tumulto imposible, hubo caos y gritos. La milicia parecía sentirse impotente. A fin de hacer algo y no ser aplastados, los milicianos subieron a los camiones y exhortaron desde allí a los clientes a que mantuvieran el orden. Cuando la tienda abrió, había en la cola más de cinco mil personas.
            A las seis de la mañana se formó una cola en la zona de Dzerzhinski, llenando las calles colindantes, el tranvía y las estaciones de autobuses. Hacia las nueve ya había allí ocho mil personas.
            Finalmente, la estrecha calle lateral de Stoleshnikov se convirtió en algo parecido al Mercado de Yaroslav”.

            El informe del NKVD recoge también las conversaciones que tienen lugar en la cola: la mayoría se queja de que no puede comprar nada con su dinero y de que algunos tengan que estar cuatro o cinco días en la cola para conseguir un abrigo. Para ello se desarrollan todo tipo de trucos que serán de suma importancia en la historia cultural de la cola: apuntarse en una lista, “alquilar” a alguien que ocupe su lugar en la cola o contratar y pagar a alguien para ello por adelantado, por correo: “Hace cola se convirtió en un arte”. Las colas que congregaban a miles de personas eran estructuras socialmente complejas y exigían un alto grado de inteligencia social y de autorganización, sobre todo porque tenían que reafirmarse frente a las prohibiciones, las amenazas y las intimidaciones. Las colas de esa magnitud eran señales de alarma y de advertencia al poder y así eran entendidas por éste. El “turismo de compra” formaba parte de la Moscú de finales de la década de 1930: personas pernoctando en estaciones, puertas cocheras y traspatios, epidemias, suciedad y brotes de criminalidad. Pero ni siquiera un decreto gubernamental con el elocuente título de “Sobre la lucha contra las colas que se hacen en los comercios de Moscú para obtener bienes de consumo” contribuyó demasiado a resolver el problema. Las colas no podían prohibirse, como tampoco podían prohibirse los bazares o el mercado negro. La formación de colas creaba su propia inteligencia, daba lugar a un auténtico juego del gato y el ratón entre la milicia y la población: se disolvía cuando la milicia hacía acto de presencia, y se formaba de nuevo cuando ésta había desaparecido. No cabe duda de que este elemental estado de cosas –el ciudadano en su lucha cotidiana por su supervivencia- se anticipaba y superaba toda “política”.

         No es posible entender la década de 1930 sin el agotamiento total de la población, que gastaba todas sus energías haciendo frente a la vida cotidiana. La escasez de productos básicos, el fin de la civilización de los bienes obvios y los actos rutinarios de la normalidad ejercen una presión no menos opresora sobre la vida de un pueblo que la que emana la cruda represión. Y para aquellos que estaban a salvo de las peores condiciones de vida, las naturalezas muertas de la publicidad, con su champán y su caviar, no eran sólo promesas de un futuro mejor, sino un rentable depósito en el presente. La escasez y la pobreza son componentes tan importantes de la época como el odio, la envidia y el agotamiento. Una historia del año 1937 ha de ser también una historia del agotamiento físico y mental, y de los límites que pueden soportar las personas, que ya están cerca de la violencia del terror, al ver arruinada su vida cotidiana. No sólo los individuos enloquecen, también las sociedades pueden “enloquecer”. Y sin esa “locura” de toda una sociedad no habría existido el año 1937.

Tuesday, January 20, 2015

Cui bono and induced neurosis

The recent campaign spearheaded by public media (read this post on the issue by Naky Soto), and private pollster Hinterlaces, arguing that long lines in supermarket are not the result of scarcity due to failed economic policies but to a form of neurosis “induced” by the enemies of the revolution, follows a form of cui bono argument:

“He who stands to benefit from the crime, has committed the crime”

This form of reasoning is typical of many police stories and conspiracy theories (Popper thought it was a basic tool of conspiracy theorizing.) When combined with the pop-psychology jargon deployed by Hinterlaces or Telesur, and faulty causation, it produces the curious result of actually blaming the opposition for the lines outside supermarkets.  

The line of the “neurosis” argument basically runs in two variations:

1) There is really no scarcity of basic products, but the opposition spreads rumors via social media that supermarkets are out of products. People then “neurotically” go and line up (Ingrid Navarro Leonett.)

2) There is scarcity, but it has been exacerbated and used by the opposition thus creating the neurotic behaviors of people lining up to buy stuff they don’t really need (Erick Navarro.)

Both arguments conclude that the lines could lead to protests and argue that the opposition would stand to benefit from those protests. Therefore there is no question that the opposition holds ultimate responsibility for the lines and the “neurosis” they generate.

Sunday, January 11, 2015

If you really believe in the “economic war”, attack your enemies

This piece published yesterday by Aporrea is useful to understand the consequences of really believing that Venezuela is the victim of an “economic war” waged by its enemies.

The author argues that if the government is serious about the war, then it should act as if it is really fighting a war. The logic of war is not the logic of pluralist politics: in a war the enemies (the opposition) are to be destroyed.

“When there is a situation of conflict, one of the parts declares war on the other, at that moment they cease to be adversaries and become enemies, the rules of the game change. In the Venezuelan case, one of the parts has declared war on the other, [but] each part does not dare to recognize that the other is its enemy that must be destroyed. This is a very atypical war because the enemies (government and opposition) are not suffering casualties, instead it is the poor people who are dying,” explains the author.

What should the government be doing in this war scenario?

“I believe that time has come to put things in black and white and to recognize that we are really at war, with victims of battles fought by two antagonistic enemies that will not stop [until] the other is defeated.”

“The government cannot go around accusing its enemies of the existence of and ‘economic war’ against it and not take the measures to face them and defeat them in the battle field of the national economy. The first thing to do is to suspend the legal and economic guarantees that allow the enemy to keep on fighting the war.”  

Wednesday, August 6, 2014

Anti-imperialism, the highest stage of the Bolivarian Revolution

The III Party Congress of the ruling Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ended on 31 June with the expected show of unity and support for Maduro’s leadership. The Congress was also an occasion for a display of revolutionary rhetoric, especially around a central issue for the Latin American left: anti-imperialism.

A rich source for this rhetoric is the official preliminary document presented to the Congress by the “Ideological and Programmatic Commission” and published in the PSUV web site.
 
In a classic Leninist analysis of the current world situation, the document claims that Capitalism has “reached its limits of metabolic reproduction,” among other reasons, because of the “internationalization of capital imposes the weakening of the National State.” The world is conceived as a zero sum conflict between the “block of traditionally capitalist countries and the emerging countries.”

This conflict is the result of the need of raw materials by the “capitalist countries” as they have “dematerialized their real economies through financial speculation in the energy sector.” Latin America is at the center stage of this conflict because of its biodiversity and its huge oil reserves.

In the case of Venezuela, Imperialism is closely linked to the country’s internal class structure: the bourgeoisie being little more than the local agents and beneficiary of foreign interests. Venezuela’s oil resources have particular importance in this narrative; in the past the oil rent of the country was “stolen, almost entirely, by international financial circuits,” but Chávez changed all that and accomplished the “re-direction” of the oil rent to benefit the people, mainly through his misiones (social programs).

The outlook for Capitalism if bleak, according to the document, because “in its current imperialist phase, it has reached its structural limits of development, its unfolding generates unsustainable contradictions due to the crisis that corrodes it.”

However, it is precisely because of this internal crisis that Capitalism displays more openly its current imperialist phase: “the logic of the capital (…) forces the empire to resort to war as an anti-crisis mechanism, putting the rest of humanity in danger.” In this context the “Imperialist States” also turn to the establishment of an institutional framework, such as the IMF, World Bank, and the World Commerce Organization, to serve their aim of global expansion and exploitation.

Imperialism is perceived as the biggest threat to the final success of the Bolivarian Revolution. The PSUV therefore considers the Revolution is defined by what it calls its anti-imperialist character: “It is impossible to deploy a development plan directed by the great interests of the Nation, the Venezuelan people, and the Great Fatherland, without first restricting and then abolishing the imperialist domination which is exploiting humanity; the United States, the imperialist corporations, and the local bourgeoisie that depends of imperialism.”

Right after its Congress, the PSUV also published a document numbering the main decisions achieved at the event. The document, titled “Compromise of the Cuartel de la Montaña” (the final resting place of Chávez), also emphasizes in several places the need to stress the anti-imperialist character of the Party and the link between the enemy within and the United States.


For example, it claims that the violent events after the April 2013 presidential elections, and the opposition protests which started in February this year, are the direct result of the actions of a “fascist right” that is acting under the orders of the United States. It therefore urges for a “complete rejection, and continued denunciation and combat, at all places, against the terrorist violence of the fascist right, without fatherland [apátrida], and lackey of the North American imperialism that, through its strategy of On-going Coup and Economic War produced in April 2013 the death of 11 compatriots, and between February and May 2014, under the coupist plan denominated ‘La Salida,’ (…) the loss of 48 human lives…”

As the US imposes visa restrictions on Venezuelan officials, and before it considers other sanctions, it is important to understand that any such actions will be framed by the Venezuelan government as confirmation of imperialism. Sanctions, no matter how specific and targeted, will feed into the conspiracy rhetoric that by now has become the official discourse of the government.

     

Monday, May 5, 2014

Use previous conspiracy theories as evidence for new conspiracy theories



If you lack the evidence to support your conspiracy theory, you only need to quote your old conspiracy theories, it doesn’t matter if you didn’t show any evidence for those previous theories at the time you first presented them.

You can also quote other conspiracy theorist –such José Vicente Rangel, for example, as supporting authorities, it doesn’t matter if they have shown no evidence either.

Finally you can appeal to common knowledge, since everybody knows that the Empire is always conspiring.

Take all the material compiled in the previous steps and put it up on a powerpoint presentation, be sure to include as many links as possible, and add a long list of names of opposition leaders, human rights activists, journalists, foreign political leaders, business people, and just ordinary citizens. Claim that this powerpoint presentation is, in itself, a “document” proving your theory.

The result of these self-referential rhetorical devices is a sense of compounding evidence that “speaks for itself”. You can now use your new conspiracy theory as evidence for future conspiracy theories.

Read the note published by the Agencia Venezolana de Noticias on yesterday’s interview to Interior, Justice and Peace Minister Miguel Rodríguez Torres. The title of the note is “Putschist plans date back 10 years, Interior Minister says.”

Friday, April 11, 2014

Infobae on conspiracy theories



A good account of different opinions on why people believe in conspiracy theories can be found in this article by Darío Mizrahi for the news web page Infobae.

I am quoted stating the following about the political consequences of conspiracy theories:

"Si se combinan las teorías de la conspiración que ha lanzado el Gobierno -continúa el sociólogo venezolano-, que acusa a todos los opositores de ser agentes de la CIA; con las de la oposición, que dice que todos los chavistas no son otra cosa que miembros del servicio de inteligencia cubano, se llega a la conclusión de que en Venezuela no hay política. Los venezolanos somos unos tarados que asistimos desde hace años a una batalla entre el régimen cubano y la CIA, y nosotros somos unos meros títeres".

Of course it’s unlikely that in polarized Venezuela a person will believe in both the theories posed by the government and the opposition. The point is that believing in conspiracy theories have a de-politicizing effect as the powerful source of evil is located in a faraway place, beyond the reach of local politics.